miércoles, 31 de octubre de 2007

Más operadoras móviles virtuales Print Friendly and PDF

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Cuando se creía que el mercado de las operadoras móviles en España no podía estar más reñido se unen otras a la fiesta, como por ejemplo la operadora de ADSL Jazztel, que ha firmado un acuerdo con Orange para que esta "le preste" su infraestructura para ofreces servicios de telefonía móvil a partir de 2008.

Esta es la nota de prensa:

JAZZTEL Y ORANGE FIRMAN UN ACUERDO DE INTENCIONES PARA OFRECER MOVIL VIRTUAL

Orange es el operador de móvil que mejor se adapta a las necesidades de Jazztel. El servicio comenzará a comercializarse en el primer trimestre de 2008 Madrid, 29 de octubre de 2007.—Jazztel y Orange han firmado un acuerdo de intenciones con el fin de ofrecer servicios de operador móvil virtual.

Ambas compañías van a proceder al desarrollo del citado acuerdo con el objetivo de lanzar al mercado los servicios móviles virtuales de Jazztel durante el primer trimestre del ejercicio de 2008.

Orange constituye la mejor solución de servicio de telefonía móvil virtual y es el operador que mejor se adapta a las necesidades de Jazztel para convertirse en operador móvil virtual.

De esta manera, Jazztel se convierte en operador global y podrá ampliar su abanico de productos y ofrecer a sus clientes servicios de cuádruple play en unos meses.

Jazztel obtuvo en abril de 2005 una licencia de operador móvil virtual con el fin de proporcionar este servicio a sus clientes y ampliar su oferta.


Pero no queda ahí la cosa. Ono acaba de anunciar que va a hacer exactamente lo mismo bajo la dominación de ONO io.

Aunque en esta ocasión la futura operadora se alía con Telefónica para usar su red. Planean empezar este mismo Diciembre lo que hace pensar que bien se lo tenían muy callado o que lo hacen a toda prisa y las consecuencias pueden ser las mismas de siempre, un servicio posventa malísimo y una nula atención al cliente (recordemos a Yoigo cuando empezó hace casi un año), algo por la que estas empresas brillan especialmente.

Adiós a la insulina inhalada Print Friendly and PDF

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Los laboratorios Pfizer acaban de anunciar la retirada de su insulina inhalada, un fármaco que se lanzó prometiendo facilitar la vida de muchos diabéticos. Pero las ventas de Exubera (su nombre comercial) han sido mucho más pobres de lo esperado.

Los ejemplares de Exubera que ya están en el mercado no serán retirados, pero el producto dejará de suministrarse a partir de ahora. La decisión de dejar de comercializar un fármaco por motivos económicos casi no tiene precedentes, de acuerdo con el Wall Street Journal. En una reunión para repasar los resultados del último trimestre, la compañía anunció el fin del fármaco.

"Las ventas de este año fueron muy, muy modestas. Siete millones de dólares [cinco millones de euros] en el último trimestre y 12 millones [8,4] en lo que va de año", explicó Frank D'Amelio, director de finanzas de Pfizer. Aunque los cálculos iniciales de la compañía preveían que Exubera se convirtiese en un 'superventas' (es decir, que vendiese al año más de 1.000 millones de dólares, 700 millones de euros) y pese a la intensa promoción, tan sólo logró 'morder' el 0,3% del mercado de la insulina.

La insulina inhalada se lanzó en EEUU en 2006. Mediante un inhalador, el diabético aspiraba una nube de polvo de insulina, que llegaba a los pulmones y, de ahí, al flujo sanguíneo. De este modo, evitaba buena parte de las inyecciones de insulina que diariamente se administra el diabético. Pero estas ventajas se vieron mermadas por las dudas de algunos especialistas sobre su seguridad a largo plazo y lo aparatoso del inhalador, parecido a un tubo de pelotas de tenis. Exubera no triunfó entre los diabéticos.

"Pese a los mejores esfuerzos de nuestros colegas de venta, márketing y fabricación, el producto simplemente no consiguió la aceptación de médicos y pacientes. Así que durante los próximos tres meses apoyaremos a los médicos para pasar a sus pacientes a otros fármacos y abandonaremos las futuras inversiones en el desarrollo de dispositivos de segunda generación", declaró Jeff Kindler, presidente de Pfizer.

Algunos diabéticos se quejaban de que "el aparato es muy difícil de transportar", recuerda Salvador Casale, presidente de la Federación de Diabéticos de la Comunidad de Madrid. Casale ha mostrado su sorpresa por la retirada del producto, pues no había tenido noticias de la misma. "No tenía ni idea. En España lleva muy poco tiempo. Todavía no estaban informados los posibles usuarios", lamenta.

Fuentes de la compañía en España han confirmado que, durante el próximo trimestre, ayudarán a los médicos a pasar a sus pacientes a otros tratamientos insulínicos. Unos 1.500 españoles con diabetes consumían el fármaco desde que salió a la venta, el pasado junio. "Ahora estamos contactando con los principales actores, tanto de sociedades científicas como agrupaciones de pacientes, y el lunes comenzaremos a ponernos en contacto con toda la clase médica", han aclarado dichas fuentes, que han recordado que seguirán invirtiendo en los tratamientos contra la enfermedad endocrina. "Nosotros no abandonamos el campo de la diabetes".

Por el momento, la reacción de las sociedades y pacientes ha sido de neutralidad o entendimiento, dicen. "Claramente, subestimamos la barrera de que los pacientes y médicos se pasasen a Exubera. Creo que esta es una de las principales cuestiones que subestimamos: la reticencia de médicos y pacientes a pasarse a Exubera, a dejar la insulina que habían tenido hasta la fecha", declaró Ian Read, presidente de Operaciones Farmacéuticas Mundiales de Pfizer.

Según el Wall Street Journal, la retirada también pone de manifiesto lo complejo y costoso que resulta para las compañías farmacéuticas la comercialización de los modernos fármacos biotecnológicos. La historia de Exubera se remonta a hace una década, cuando Pfizer firmó un acuerdo con una pequeña compañía biotecnológica que estaba estudiando la insulina inhalada.

La idea era que a los diabéticos no les gustaba pincharse con agujas varias veces al día para administrar la insulina que necesitan para controlar sus niveles de azúcar en la sangre. Pero en estos años ha mejorado mucho la administración de la hormona y, gracias a los lápices dosificadores, su administración ya no es tan incómoda y dolorosa como antaño. "Las inyecciones están muy conseguidas últimamente", explica Casale.

Exubera fue la primera y única insulina inhalada en el mercado, aunque otras compañías farmacéuticas están trabajando en productos de este tipo. Según anunció ayer Pfizer, el fármaco le costará 2.800 millones de dólares, tanto por los costes de la retirada como por los derechos del medicamento y otros conceptos. "Esta decisión refleja nuestra estricta adherencia a tres principios fundamentales: seremos realistas, escucharemos a nuestros consumidores y seremos muy disciplinados en cómo evaluamos inversiones tanto internas como externas", dijo Kindler.

Fuente: Fundación Diabetes

lunes, 29 de octubre de 2007

Detectan lo que podría ser la huella de otro universo Print Friendly and PDF

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Si existen otros universos aparte del nuestro, éstos podrían ser detectables, predicen científicos en un nuevo estudio cuyos resultados han sido publicados en la revista Physical Review D. En este estudio, Matthew C. Johnson y sus colaboradores, Anthony Aguirre y Assaf Shomer, de la universidad de California en Santa Cruz, explican que han evaluado la posibilidad de que existan algunos efectos observables o “marcas” distinguibles que otros universos hubieran dejado en el nuestro, debido a colisiones entre ellos acaecidas en la época en que nuestro universo era aún muy reciente.

La idea de que existen otros universos es controvertida en la cosmología actual. Si realmente existieran, lo más probable es que no sean perceptibles y sería muy difícil probar su existencia. Lo que aporta el nuevo estudio es la hipótesis de que, si realmente existieron otros universos que colisionaron con el nuestro, hipotéticamente podríamos hoy detectar su presencia, lo que en opinión de los autores de este estudio constituye un trascendental descubrimiento.

Al mismo tiempo, estos investigadores reconocen que las consecuencias de esa eventual colisión entre universos continúan siendo una cuestión abierta, ya que, aunque se considera que si hubo colisión entre universos ambos habrían sido destruidos, lo que proponen estos científicos es una nueva aproximación.

Johnson ha declarado al respecto a la revista World Science que aún queda por definir qué tipo de secuelas habría que buscar para confirmar el choque entre los universos. Algunas teorías físicas señalan que realmente existen otros universos, llamados universos burbuja y que cada uno de ellos tiene sus propias características e incluso valores diferentes de las constantes físicas.

Tras la idea de los universos burbuja subyace la hipótesis de que, aparentemente, el espacio entero contiene energía, la llamada energía del vacío, que es una energía de fondo de origen puramente cuántico y responsable de efectos físicos mensurables, como el efecto Casimir (fuerza física ejercida entre objetos separados debido a la resonancia de los campos energéticos en el espacio entre los objetos).

Algunos cosmólogos han propuesto que, si se dan ciertas circunstancias, esta energía puede crecer de manera explosiva dando lugar a un nuevo universo –como ocurrió con el nuestro-. Esto podría estar sucediendo continuamente, generando muchos universos que coexistirían con el que conocemos de la misma forma que coexisten las burbujas en un baño espumoso.

¿Pero cómo saberlo? Johnson y sus colegas creen que cualquier encuentro o colisión entre los universos habría producido efectos que se propagarían en ambas direcciones. Dichos efectos quizá dejaran huellas en la forma de material expelido, que podrían afectar a la distribución de la materia en cada universo afectado.

Si un tipo de colisión así hubiera acontecido recientemente, desde la perspectiva temporal de nuestro universo, resultaría indetectable dado que el universo es demasiado extenso como para que se vea notablemente afectado. Sin embargo, si los hechos ocurrieron hace mucho tiempo, es decir, cuando el universo era aún muy pequeño, la marca podría ser aún visible al haberse expandido.

Cuando el universo medía aproximadamente menos de una milésima parte de lo que mide actualmente, se cree que sufrió una transformación. Según se fue expandiendo, se enfrió lo suficiente como para que se formaran los átomos. Entonces se volvió transparente.

Antes de esto, el universo había consistido en una espesa niebla con pequeñas variaciones de densidad en diversos puntos. Las partes más densas siguieron aumentando y al unirse dieron lugar a las galaxias.

Pero esta niebla es aún visible porque muchas de las ondas lumínicas que se produjeron en ese momento en ella nos llegan ahora y son observables en la forma de un débil resplandor que llena universo por completo.

Estas ondas han sido denominadas radiación de fondo de microondas, que es una forma de radiación electromagnética considerada por muchos cosmólogos como la prueba principal del modelo cosmológico del Big Bang que diera lugar al universo. Esta radiación es asimismo considerada el borde de nuestro universo conocido.

Los astrónomos plantean que una colisión entre universos podría haber generado un patrón que habría reordenado las fluctuaciones de densidad en estas circunstancias y que, si pudiera registrarse dicha reordenación, aparecería como un área de irregularidad simétrica.

Hasta ahora nadie ha intentado buscar dicha irregularidad, pero los autores de este estudio han encontrado al menos una llamativa asimetría anómala en el cosmos que , aunque no se atreven a afirmar que se trata de la huella de otro universo, consideran que esta hipótesis puede ser el comienzo de un largo proyecto de investigación.

El caso es que las variaciones de temperatura en el fondo cósmico de microondas se cree que reflejan las variaciones de densidad en el universo primitivo, pero aún quedarían por hacer numerosas investigaciones para poder llegar a una respuesta.

Dios, ¿hipótesis insostenible ante el darwinismo? Print Friendly and PDF

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Richard Dawkins defiende radicalmente en su libro “The God Delusion”, traducido al español como “El espejismo de Dios” que el cristianismo ha quedado absolutamente refutado por la ciencia, hasta el punto de que con casi total seguridad puede decirse hoy que “Dios no existe”. El eje lógico-científico de la argumentación que le conduce a esta conclusión es el darwinismo.

Darwinismo biológico, en primer lugar, para explicar naturalmente la complejidad de la vida y, en segundo, darwinismo cosmológico al considerar el problema del origen, naturaleza y evolución del universo a partir de la teoría de multiuniversos. No es que sea sorprendente, pero sí chocante para el observador neutral que, al mismo tiempo, se esté difundiendo el libro de otro autor importante y prestigioso, el norteamericano Michael Ruse.

Para éste el cristianismo es completamente compatible con el darwinismo. En otras palabras, el cristianismo puede asumir las doctrinas darwinistas y seguir congruentemente dentro de sus posiciones cristianas. ¿Con qué nos quedamos?.

Evidentemente parece que debemos respetar la posición de ambos autores. En principio, por tanto, cabe respetar que Dawkins considere que la idea de que Dios sea real haya quedado refutada por el darwinismo; es también igualmente respetable la seguridad subjetiva que para él tiene su propio dictamen racional. Otras muchas personas asumen de la misma forma posiciones ateas, aunque la verdad es que ni hacen tanta fuerza en el darwinismo ni muestran la sorprendente seguridad subjetiva que se observa en Dawkins.

Sin embargo, lo que sorprende por su radicalidad en Dawkins y es más difícil no juzgar críticamente es tanto su exclusión absoluta y falta de respeto a maneras de pensar alternativas como el haber construido su posición desde supuestos muy cuestionables. No se trata de que Dawkins tenga su opinión, cosa a todas luces inobjetable y respetable como tal, ya que se trata del ejercicio libre de su capacidad valorativa personal.

Se trata además de que la radicalidad de su juicio supone falta de respeto a la libertad valorativa de los demás. La libertad es siempre no sólo respetable, sino admirable; pero hasta que esta libertad interfiere en la libertad de los demás. La afirmación de nuestras opciones libres no debe llevarnos a no respetar las opciones libres de los demás.

El problema es no ver que la complejidad de las cosas exige respetar las tienen opiniones alternativas (aunque quizá no compartibles). Cuando las propias convicciones se absolutizan, hasta el punto de no respetar otras convicciones, se cae en el dogmatismo. Dawkins, en efecto, no respeta que en el problema racional de lo religioso pueda haber otras opiniones. Y esto es ya una situación intelectual de grave repercusiones para la sociedad en su conjunto.

La sociedad crítica e ilustrada, tanteante en el conocimiento de un universo borroso, que tiene hoy en día los valores del respeto y de la tolerancia, comienza entonces a desmoronarse. Si el teísmo y ateísmo dogmático siguen hundidos hoy en el dogmatismo caemos en el siglo XIX y nos alejamos de los grandes valores que configuran la modernidad, de acuerdo con la evolución general de la epistemología moderna. ¿Por qué lo decimos?

Pues por un tema esencial de la argumentación de Dawkins: el darwinismo. ¿Es el darwinismo absolutamente irreconciliable con el cristianismo? Dawkins piensa que sí. Sin embargo, otro autor de gran categoría, Michael Ruse, escribe un libro para mostrar precisamente que dawinismo y cristianismo son conciliables. Evidentemente la actitud inicial ante las opiniones de Michael Ruse es también de respeto, ya que están escritas desde una pretensión de objetividad científica y no desde la creencia.

Además resulta que hoy en día la mayor parte de los filósofos y teólogos cristianos aceptan el darwinismo sin problema. Incluso el mismo papa Juan Pablo II consideró que el darwinismo constituía hoy una aportación a la ciencia ya imprescindible.

Se debe tener en cuenta que las recientes críticas al darwinismo de parte de los defensores de la posición hoy conocida como inteligent design en América (una forma moderna del creacionismo propio de algunas iglesias fundamentalistas americanas) es algo sectorial en el cristianismo; es decir, reducido a ciertos sectores minoritarios protestantes (a los que se ha sumado quizá algún católico como Behe) en el marco fundamentalista.

En otras palabras: hoy en día la mayor parte de filósofos y teólogos cristianos (no sólo católicos) no tienen problema alguno en conciliar darwinismo y cristianismo. Si recordamos el nombre de Teilhard de Chardin nos basta para entender que hace ya muchos años se comenzó a integrar la evolución en la cosmovisión cristiana.

En todo caso la consideración del libro de Michael Ruse es un ejemplo concreto de que las opiniones de Dawkins tienen de hecho alternativas diametralmente opuestas que merecerían un respeto. Tras leer el libro de Dawkins, ¿debemos concluir que Ruse es “tonto”? La verdad, no parece sensato. Más bien, como antes decíamos, habría que reconocer la enorme dificultad de responder las preguntas últimas sobre la realidad y respetar toda opción interpretativa personal, siempre que ésta respete a las demás (es decir, que no sea dogmática, sino crítica y tolerante).

Toda posición humana ante los grandes enigmas intelectuales de la vida, del hombre y del universo, es respetable, bien sea atea o teísta. Creemos que ambas posiciones pueden ser construidas desde argumentos congruentes con el pensamiento contemporáneo. De hecho esto es lo que sucede en la sociedad.

Pero hay posiciones que pueden estar quizá distorsionadas en sus aspectos esenciales. Es decir, desde la altura de la ciencia y de la filosofía de nuestros días, podemos valorar si los argumentos para situarse en el teísmo o en el ateísmo están bien construidos (es decir, responden a las grandes líneas de consenso de la cultura contemporánea). Un teísmo que, por ejemplo, se presentara con argumentos “medievales” podría ser valorado como “anacrónico”. Esta falta de congruencia lógica, filosófica y científica debe poder ser denunciada. Pongamos un ejemplo.

Imaginemos un científico que dice: la “física moderna” es un error porque el “universo gravitatorio de Newton” ha sido refutado por el hecho de un “universo en expansión”. Es lógico que la física moderna responda: si usted habla del “universo gravitatorio de Newton” no está hablando de la “física moderna”; ésta ya no es hoy la “física de Newton” y, además, ha aceptado el “universo en expansión”.

Veamos ahora a Dawkins diciendo: El “cristianismo” es un error porque el “cristianismo medieval” (el único del que Dawkins habla en su libro) ha sido refutado por el “darwinismo”. En esta situación es lógico que el cristianismo (por mucho respeto que tenga a las posiciones ateístas) diga: oiga, si usted habla del “cristianismo medieval” no está hablando del “cristianismo ilustrado actual” y, además, éste acepta hoy sin problema alguno la teoría darwinista.

¿Qué quiere esto decir? Pues que tanto el ateísmo como el teísmo deben construir su argumentación sin errores de enfoque de grueso calibre. Si desde el interior de un universo que sigue siendo últimamente enigmático, tanto ateísmo como teísmo pueden ser construidos racionalmente esto quiere decir para ambos es posible formular argumentos bien construidos. Pero las argumentaciones pintorescas o distorsionadas son posibles y deben denunciarse.

Hay muchas formas de argumentación a favor del teísmo que pueden denunciarse (por ejemplo, el “creacionismo” fundamentalista y el intelligent design). De la misma forma creemos que el ateísmo de Dawkins debe ser denunciado por distorsionado y mal construido. No se trata de negar que el ateísmo pueda ser construido por argumentos congruentes; se trata de denunciar que el ateísmo de Dawkins no sólo no está bien construido lógica, filosófica y científicamente, sino que además responde a una epistemología dogmática, intolerante, radical, agresiva, que no contribuye en absoluto al tipo de sociedad culta, abierta, tolerante, crítica y abierta de nuestros días.

Queremos comentar la valoración de Julio Aramberri en la crónica de “Revista de Libros” mencionada (n. 129, septiembre 2007). Esta recensión del libro Dawkins muestra cómo, en efecto, abundan en nuestra sociedad muchos epígonos de Dawkins.

Esto quiere decir que hay personas incapaces de distinguir entre una buena argumentación y una mala. Comulgan, pues, con argumentaciones tan pintorescas y descontextualizadas como la de Dawkins, sin rechistar. Además, y esto es peor, optan por una actitud dogmática de superioridad subjetiva que les sitúa en una actitud arrogante de desprecio, falta de respeto e intolerancia para el mundo de lo religioso.

Esto no es trivial sino socialmente grave: no contribuye ciertamente, como decíamos, al proceso creciente de una sociedad ilustrada, tolerante y crítica, que sea capaz de restañar las heridas y entre por la vía de la solidaridad, respetando siempre la pluralidad de opciones personales de sentido. Pensamos que el “dawkinismo” es una descarga inmadura contra la religión que no contribuye a perfilar los trazos de un ateísmo posible, moderno, construido con seriedad intelectual y con argumentos en congruencia con nuestra cultura.

Julio Aramberri comienza confesando su coincidencia con las ideas centrales del libro de Dawkins. Esto es lo que se puede constatar cuando describe y comenta los capítulos principales de la obra. En realidad no hace sino exponer y admirar, añadiendo algunos recursos retóricos, la “precisión” de los argumentos de Dawkins. La verdad es que no hemos advertido extensión alguna o comentario que vaya más allá de la pura relación del contenido estricto de Dawkins.

En la lectura de esta recensión dawkiniana de Aramberri no sólo se advierte la identificación con los “argumentos” científico-filosóficos de Dawkins, sino que además hay una total coincidencia con su estilo agresivo contra lo religioso que se mira desde esa posición de prepotencia y superioridad que en el lenguaje ordinario se denomina “perdona vidas”.

“No parece fácil de entender, nos dice Aramberri, que alguien se admire u ofenda cuando Dawkins pone en solfa a los teólogos que, podría añadirse, como los astrólogos, los lectores de posos del té, los escritores de horóscopos y demás arúspices, en realidad, ´no tienen nada que decir sobre nada´”.

“Ni la teodramática de Urs von Baltasar, ni la aproximación asintótica a Dios de Rahner, ni el irénico Hans Küng (all you need is love) quieren o pueden desembarazarse del misterio, algo que los científicos no sufren de buen grado. ¿Por qué, pues, ha de pasar por mala educación que se recuerde que todos ellos y otros congéneres menos ilustrados se mueven en idénticas fantasmagorías y echan sus raíces en cosas como la trinidad, la transustanciación, el nacimiento virginal de Jesús, los prodigios o milagros que supuestamente llevaba a cabo como la resurrección de Lázaro o la propia, y tantas otras consejas propias de la Iglesia de Roma, pero compartidas muchas de ellas por las demás denominaciones cristianas?”.

Aramberri sólo presenta una disconformidad con Dawkins. No cree que lo religioso vaya a desaparecer tan fácilmente. Aramberri se conforma con que lo religioso se mantenga en el ámbito privado y no tenga pretensiones de inmiscuirse en la privacidad de los demás. Este “mantenerse lo religioso en el ámbito privado”, bien entendido y sin radicalismos, quizá no sea el comportamiento habitual de muchos grupos religiosos. Es obvio coincidir en que, en efecto, lo religioso no se meta en el ámbito de los demás, que es lo mismo que respetar (no sólo tolerar) su libertad.

Pero es lógico que los millones y millones de creyentes de todo tipo –desde gente normal hasta intelectuales, científicos y profesionales de altísima cualificación en todos los órdenes– pidan respeto, no sólo tolerancia. Tener respeto supone estar en una posición epistemológica precisa: no creer de una forma dogmática en la propia posición, sino entenderla como la hipótesis crítica ante un mundo que, aunque a Aramberri no le guste, la ciencia moderna sigue considerando un enigma final cuyo estudio remite a la filosofía. Este respeto no parecen tenerlo Dawkins, ni Aramberri, ni sus epígonos en general. No creemos que esta intolerancia, fundada en el desprecio, sea beneficiosa para el compromiso por construir una sociedad madura, plural y solidaria.

“¿Es compatible el conocimiento científico actual sobre la evolución con el pensamiento religioso y, más concretamente, con el cristiano? La elaboración de una respuesta afirmativa constituye el tema central del libro de Michael Ruse”.

“Ruse es un prestigioso filósofo de la biología de origen británico, profesor durante treinta y cinco años en la Universidad de Guelph en Canadá y, desde hace unos años, director del programa de Historia y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Florida”. “Ha sido fundador y editor jefe de la revista Biology&Philosophy y es autor o coautor de más de treinta libros, la mayor parte de los cuales versan sobre temas de evolución”.

Así introducen Laureano Castro y Miguel A. Toro su comentario al libro de Michael Ruse titulado “¿Puede un darwinista ser cristiano? La relación entre ciencia y religión”, publicado en el número ya mencionado de la “Revista de Libros”. Se trata de una recensión objetiva, bien hecha, donde se resume el contenido del libro de Ruse y se valoran acertadamente sus argumentos.

La idea fundamental que Ruse defiende es que el darwinismo no sólo es compatible con el cristianismo, sino que en muchos aspectos puede servirle de apoyo. ¿Por qué es esto así? En su esencia el argumento de Ruse no es exclusivo suyo; ya ha sido y es mantenido por otros muchos filósofos y teólogos cristianos de diversas confesiones.

Castro y Toro describen así este argumento. “Ruse es consciente de que hay muchos evolucionistas que son cristianos y de que hay muchas formas de compatibilizar el cristianismo con la evolución. Parece tener en mente una suerte de teísmo evolucionista en el que puede imaginarse a Dios como el Creador inicial de un universo que desde entonces sigue el camino que le marcan las leyes de la física sin que aparentemente haya más intervención divina”.

Dios, por tanto, si es Creador del universo, lo es del universo que la ciencia nos describe. La ciencia nos describe un universo abierto en que su evolución en el tiempo cuenta con procesos estadísticos, probabilísticos y con mecanismos de naturaleza darwinista, bien en lo puramente físico-cosmológico o en lo biológico.

Dios habría creado y mantiene en la existencia real un universo que, una vez creado, evoluciona en conformidad con leyes y formas procesuales autónomas. No tendría entonces sentido recurrir a Dios para explicar cómo aparece la retina o el sistema inmunológico. Dios habría diseñado un mundo capaz de producir evolutivamente sus propios contenidos. Dios sería el creador del diseño global del universo; no el “Deus ex machina” actuante en las “causas segundas” del proceso natural.

El que Dios haya creado un mundo autónomo es congruente, además, con la idea cristiana de que Dios no ha pretendido imponer su presencia (por ejemplo dando al universo una forma en que la existencia de Dios debiera ser racional e inapelablemente reconocida). El Dios cristiano es un Dios que, desde la cultura moderna, se entiende como el Dios que crea y hace posible la libertad humana.

Aparte de la idea fundamental que hace posible el darwinismo cristiano, tal como acabamos de exponer, Ruse ofrece argumentos concretos para explicar más en detalle la compatibilidad entre cristianismo y darwinismo. Como observan Castro y Toro estos argumentos parecen cogidos con alfileres y no dejarían satisfechos ni a darwinistas ni a cristianos. Creemos que así es.

En primer lugar se plantea Ruse el problema de si nuestra especie sería resultado de un proceso evolutivo inevitable. Intenta también abordar el problema del alma humana, cómo entenderla en sentido cristiano y cómo hacerla congruente con el proceso evolutivo. Igualmente la necesidad de admitir la autosuficiencia del proceso evolutivo para explicar la aparición de los sistemas complejos (en contra del intelligent design de Behe). Y en el problema del origen del dolor, del pecado, de la condición moral en la especie humana, siguiendo a Edward O. Wilson, trata de mostrar su coherencia con el cristianismo.

La pertinencia de estos intentos de conciliación cristianismo-darwinismo son cuestionables y, a nuestro entender, no siempre acertados. Aquí no podemos abordarlos en detalle. Mencionemos sólo la discusión del problema del alma humana que Ruse trata de orientar desde la visión clásicamente tomista de la antropología cristiana. Hoy en día filósofos y teólogos cristianos abordan este problema sin necesidad de considerar el tomismo como referencia básica.

En todo caso, como decíamos, la contraposición de estas dos obras, la de Dawkins y la de Ruse, es iluminadora. Que ante el mismo problema –la relación entre darwinismo y cristianismo– dos autores de importancia tomen posiciones antagónicas debería conducirles a no caer en el dogmatismo. No creemos que Ruse haya caido; pero nos tememos que sí lo haya hecho Dawkins.

Fuente: Tendencias21

lunes, 22 de octubre de 2007

Los clientes de tarjetas prepago que no entreguen sus datos se quedaran sin línea Print Friendly and PDF

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Los más de 20 millones de usuarios de telefonía móvil con tarjeta prepago tienen dos años para facilitar sus datos a su operadora de telefonía móvil, mediante presencia física, ya que en caso contrario se quedarán sin línea, según la ley de Comunicaciones Electrónicas que entra en vigor el 8 de noviembre.

En España hay 20.458.068 números de telefonía móvil en prepago, lo que supone, el 41,99 por ciento del total, según los últimos datos de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones correspondientes al mes de agosto.

Los usuarios de muchos de estos teléfonos están identificados, ya que los suelen dar cuando se ponen en contacto con los servicios de información al cliente, aunque ahora tendrán que dirigirse a un distribuidor con un documento para que registre nombre y apellidos, nacionalidad, documento de identificación y su naturaleza (DNI o pasaporte) y en el caso de empresas el número de identificación fiscal.

Fuentes del sector señalaron que esta es la parte de las comunicaciones electrónicas con la que menos están de acuerdo ya que no se contempla en la directiva comunitaria sobre conservación de datos de comunicaciones electrónicas y no se está aplicando a todos los países.

Las operadoras aprovecharán esta normativa para animar a los clientes a pasarse a contrato, mediante promociones, por lo que se espera que se acelere esta tendencia que se observa en los últimos meses. Así, los datos de agosto indicaban que el número de usuarios de prepago había disminuido un 2,54 por ciento, mientras el de contrato había subido un 9,66 por ciento.

Estos datos de los clientes sólo serán utilizados en caso de que los pidan las autoridades, salvo que los usuarios den el consentimiento expreso a la operadora para poder utilizarlos para enviarles promociones y ofertas y, para ello, alguna operadora está preparando un formulario en el que además de los datos obligatorios incluyen otros bajo el apartado datos voluntarios.

Ante la perspectiva de tener que dar de baja a los clientes que no se adapten a la ley en dos años, las operadoras preparan ya sus campañas de información que se prolongará en este periodo, y diseñan fórmulas para hacer más fácil el trámite a sus usuarios.

Para los nuevos clientes de prepago, a partir del 8 de noviembre será obligatorio que den sus datos cuando compren un teléfono móvil y para ello deberán llevar un documento de identidad. Sus datos formarán parte de en un registro que los operadores cederán a los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado cuando se lo soliciten.

Fuentes del sector de telecomunicaciones señalaron la dificultad para cumplir esta parte de la ley por el escaso margen de tiempo para ponerla en marcha.

Explicaron que las operadoras, aunque se han ido preparando en los últimos meses, no podían tomar decisiones definitivas hasta que se aprobará la ley y esto se produjo hace pocos días.

Esta ley, aprobada en el marco internacional para luchar contra el terrorismo, obliga a las operadoras a conservar los datos de tráfico y de localización de las llamadas durante dos años y facilitarlos a las autoridades de seguridad del Estado cuando lo soliciten.

Las operadoras tienen seis meses para preparar sus sistemas para el requerimiento exigido de guardar los datos de tráfico, aunque ya trabajan en este tema desde hace tiempo.

Cuando en febrero de 2006 se aprobó la norma comunitaria, el sector señaló que supondría un coste de unos 100 millones de euros la adaptación de esta medida, más el de mantenimiento de los sistemas, y pidió, sin éxito, que el Estado asumiera el coste o una parte del mismo.