jueves, 8 de febrero de 2007

¿OVNIS en la Luna? Print Friendly and PDF

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Son muchas las veces que los hechos han sido silenciados o manipulados para dar el resultado apetecido, otras veces es la propia psicología humana la que esconde la realidad por no poderla aceptar, unos y otros casos se mezclan y confunden para el bien de unos pocos.
En los años cincuenta y sesenta dio comienzo la carrera espacial, y el día 11 de junio de 1969 tuvo lugar el acontecimiento quizás más importante en la historia de la humanidad, el hombre llegó a la Luna. Pero también ocurrieron otras cosas no menos importantes cosas.



¿Nos observan desde la Luna?De acuerdo con un informe no autorizado los astronautas Neil Armstrong y Edwin "Buzz" Aldrin, al poco de pisar suelo lunar informaron al centro de control de Tierra sobre la presencia de una luz sobre o dentro de uno de los cráteres lunares. El doctor Vladimir Azhazha relató:

"Neil Armstrong comunicó que dos grandes y misteriosos objetos estaban observándoles después de que hubiera saltado a la superficie del satélite, cerca del módulo lunar. Pero este mensaje nunca se hizo público. La NASA lo censuró".

De hecho la emisión televisiva del acontecimiento no fue en directo, sino con un pequeño margen de diferencia que permitía a los EE.UU. censurar lo que quisieran por uno u otro motivo, esta ha sido la tónica hasta la fecha, hasta con el reciente con el Mars Pathfinder.

Otto Binder, empleado de la NASA aseguró que un radioaficionado captó por accidente con su equipo receptor VHF la siguiente conversación entre el centro de control y la nave Apolo XI:

-NASA: ¿Qué hay ahí? Centro de control llamando a Apolo XI...

-Apolo XI: ¡ Esos "chicos" son inmensos, señor! ¡enormes! ¡oh, Dios mío! ¡usted nunca lo creería!, ¡le digo que hay otras naves espaciales fuera, en el borde exterior del cráter! ¡están en la Luna, observándonos!

Tiempo después de que volviera a tierra el Apolo XI un profesor que prefirió mantenerse en el anonimato mantuvo la siguiente conversación con Armstrong durante un simposio de la NASA:

-Profesor: ¿Qué sucedió realmente fuera del Apolo XI?

- N. Armstrong: Fue increíble. Por supuesto, todos sabíamos la posibilidad de que algo así pudiera suceder. Pero el hecho es que estabamos siendo advertidos por los alienígenas de que nos fuéramos de allí.

-P.: ¿Qué quiere decir con "advertidos"?

-N. A.: No puedo entrar en detalles. Sólo le puedo decir que sus naves eran superiores a las nuestras en tamaño y tecnología. ¡Chico, eran tan grandes... y amenazantes! Es incuestionable la existencia de una estación espacial.

- P: Pero la NASA ha seguido enviando más misiones después del Apolo XI.

-N. A.: Naturalmente. La NASA tiene un compromiso y no puede correr el riesgo de sembrar el pánico en la Tierra.


Armstrong confirmó esta historia pero rehusó entrar en detalles, admitiendo que la CIA estaba detrás manteniendo en secreto el asunto. Pero en 1979 Maurice Chatelain, responsable de los sistemas de comunicación de la NASA dijo que efectivamente Armstrong había informado de la presencia de dos ovnis en el borde de un cráter, también añadió que:

"Todos los vuelos Apolo y Géminis han sido seguidos, a veces a distancias muy cortas por vehículos espaciales de origen extraterrestres. Siempre que esto ocurre los astronautas informan al centro de control y desde allí se les ordena silencio absoluto"

Fue Walter Schirre a bordo del Mercurio VIII el primero en usar el nombre de Santa Claus para referirse a los ovnis cerca de las cápsulas espaciales. James Lowell exclamó desde el módulo de mando del Apolo VIII cuando se hallaba detrás de la Luna: "Por favor, son informados de que allí está Santa Claus", sucedió el día de Navidad de 1968, lo escuchó todo el mundo, relataba M. Chatelain.

Años antes Lowell junto con F. Borman divisaron un ovni mientras realizaban su segunda órbita en un vuelo de catorce días de duración: Borman informo al centro de control de que una nave espacial volaba junto a su Géminis VII, en cabo Kennedy le respondieron que debía ser la parte final de la plataforma de propulsión de su propio cohete. Él replicó que podía ver perfectamente esa parte de su cohete, pero que además había algo volando con él que no pertenecía a su aparato.

Otros astronautas como Ed White (el primer hombre que caminó en el espacio) y James Mc Divitt, en 1965 mientras volaban sobre Hawai informaron del avistamiento de un objeto metálico de aspecto "fantástico" que tenía como dos brazos. Divitt tomó fotografías, pero nunca se publicaron.

¿Cuantos casos como estos permanecen ocultos? seguramente muchos, pero nunca ha habido un pronunciamiento oficial sobre la presencia de estos objetos, a pesar de que en casos como en estos los observadores son de primera calidad (quizás los mejores del mundo) y además aportan pruebas irrefutables. Para los más veteranos las autoridades ocultan los hechos para evitar el pánico: a nadie le gustaría saberse observado por alguien superior sin poder hacer mucho al respecto. Lo que nos lleva a la siguiente pregunta: y los que saben ¿qué hacen?.

Para muchos los avistamientos de ovnis han sido frecuentes a lo largo de la historia, para otros incluso son anteriores. Pero lo cierto es que desde la segunda guerra mundial ya se tienen informes de ovnis volando sobre las ciudades alemanas tras los bombardeos, de ahí que también se sostenga que fueron inventados en esa época por los nazis y para ser usados en un principio como vehículos de observación. También se vieron volando sobre Corea durante la guerra y en muchos otros países más tarde hasta que el fenómeno adquirió fama mundial. Quizás los testimonios de los astronautas sean unas pruebas más de algo que existe y de lo que tarde o temprano nos enteraremos, para bien o para mal.

miércoles, 7 de febrero de 2007

Investigan múltiples sucesos paranormales en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla Print Friendly and PDF

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Pocos se pronuncian, pero casi todos han oído hablar de ello en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla: hileras de taquillas que se abren y cierran en el segundo sótano, risas macabras en los servicios de las plantas altas, secadores de manos que funcionan sin estar enchufados, voces y espectros...

Un grupo de investigadores, encabezados por José M. García Bautista, Guillermo León y Jesús Conejero, recibieron el pasado 13 de mayo autorización del decano, Millán García Toral, para investigar “supuestos fenómenos paranormales” en el edificio.

Y ya se han encerrado una noche para ver qué encontraban. “Fue una madrugada muy dura, en la que los ascensores no dejaron de funcionar solos, vimos sombras y espectros, las puertas se abrían y cerraban a su libre albedrío...”, relatan. El resultado fue algunos vídeos grabados con infrarrojos y un par de aterradoras psicofonías; la más clara de ellas dice: “Iros de aquí”.

Manejan varias teorías. Una de ellas apunta a una de las celebridades enterradas bajo el suelo de la facultad, en el Panteón de Sevillanos Ilustres: Cecilia Bölh de Faber (1796-1877), conocida por el seudónimo literario de Fernán Caballero.

Sin embargo, varias señoras de la limpieza, que aseguran haber sido testigos de fenómenos inquietantes, dicen que el causante es Santiago, un antiguo empleado de la facultad, muerto, dicen, “en extrañas circunstancias”.En tanto se elevan conclusiones, cada día, a las 22.30, las puertas de la facultad se cierran y se conectan las alarmas. Ya nadie trabaja de noche: ni vigilantes ni señoras de la limpieza.

Islas Canarias: La amenaza viene del mar Print Friendly and PDF

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La naturaleza volcánica de las islas Canarias es el centro de un importante debate científico con puntos álgidos como el anuncio del hundimiento de la isla de La Palma.

En localidades tinerfeñas como Santiago del Teide o Icod muchos vecinos se acostaban vestidos hasta hace pocas semanas ante la posibilidad de que las leves sacudidas sísmicas que les han venido amedrentando con mayor intensidad este verano, pasaran a mayores y se convirtieran en una amenaza volcánica en toda regla, poniendo en peligro sus vidas y propiedades.

El clima de tensión colectiva que se vive en Canarias, y de forma especial en Tenerife desde el pasado mes de mayo, lejos de ser atenuado por la comunidad científica y las autoridades políticas, no ha hecho más que avivarse ante las permanentes contradicciones y luchas de poder a las que han tenido que asistir indefensos los ciudadanos. Un teatro de lo absurdo en el que una batería de expertos se pronunciaba en todos los sentidos imaginables, y unos pocos convincentes políticos ponían en evidencia, posiblemente sin razón, la calidad de los sistemas de detección de riesgos sísmicos y los programas de intervención en emergencias de este calibre.

La prensa extranjera tardó muy poco en hacerse eco de este circo, en el que se llegó a predecir una erupción para octubre de este año, siendo especialmente virulentos algunos medios ingleses, que acuñaron en sus titulares la expresión “Terrorife”, para referirse a la isla tinerfeña y a la situación que se vivía. La última entrega de este culebrón recuperaba para el debate un viejo y controvertido asunto: el hipotético hundimiento de una parte de la isla de La Palma generado por una erupción, y el consecuente cataclismo de escala planetaria que provocaría el gigantesco tsunami que tal acontecimiento geológico acarrearía.

Ante tales ingredientes el panorama no resulta nada halagüeño para los canarios, para quienes el mayor riesgo no está en los volcanes que desde hace millones de años vienen formando su territorio y con los que se conviven desde hace varios milenios, sino en el daño que este clima de “temor permanente” puede ocasionar a su principal fuente de ingresos: el turismo.

El colapso de La Palma

Desde luego la isla de La Palma se lleva en todo este asunto el peor papel, pues en el colapso de una parte de su territorio se fundamenta en gran medida las más catastróficas predicciones publicitadas principalmente por geólogos británicos. La zona conflictiva tiene su epicentro en el Volcán de Cumbre Vieja, cuya entrada en actividad en 1949 generó unas fracturas que, para algunos expertos, suponen los primeros pasos para un deslizamiento lateral de su flanco occidental, que podría desencadenarse a partir de futuras erupciones, hundiéndose rápidamente en el mar un fragmento de más de 30 por 50 kilómetros.

La posibilidad había sido discutida y en buena medida descartada como inminente en foros científicos de la década de los noventa, lo que no impidió que como medida cautelar se instalasen nuevos sistemas de control y se realizara un seguimiento milimétrico por satélite con el fin de comprobar sí existía o no deslizamiento de esa franja de territorio.

No obstante, geólogos británicos mantenían de forma persistente –y con énfasis creciente– su propuesta de colapso inminente, haciéndolas extensibles en octubre del año 2000 a la opinión pública a través de medios de gran calado como la BBC. Pero antes de brindar al lector más detalles de un escenario descrito al más puro estilo del catastrofismo hollywoodiense, es necesario abrir un breve paréntesis para conocer algunos aspectos de la historia geológica de las islas.

El archipiélago canario es de naturaleza volcánica, aunque asentado en el interior de la plataforma africana, una zona tectónicamente estable de la que han emergido las islas en sucesivas erupciones prolongadas durante millones de años, como todo proceso geológico. En comparación con otras regiones del mundo, teniendo Canarias un volcanismo activo, es una de las regiones más tranquilas del planeta, al ser la mayor parte de sus volcanes –a excepción del Teide– de carácter efusivo, al estilo de los hawainanos, lo que implica que sus explosiones son poco violentas y generan coladas lávicas densas y lentas.

Las estadísticas juegan a favor de esa estabilidad, ya que no en vano en los últimos seiscientos años se han registrado dieciocho erupciones volcánicas, la última la del famoso Teneguía en 1971, sin que se haya registrado ni una sola víctima humana. Al mismo tiempo –y siempre en tiempo geológico–, la morfología de las islas se ha ido modificando tanto por dicha actividad como por la erosión y otros procesos concomitantes, siendo sin duda el más espectacular el de los deslizamientos de grandes masas de territorio hacia el mar, cuyo conocimiento e investigación exhaustiva tan sólo ha sido posible en las últimas décadas.

Aún a riesgo de simplificarlo demasiado, la mecánica de estos deslizamientos se puede resumir de forma sencilla de la siguiente manera: las islas crecen mediante sucesivas erupciones volcánicas de forma rápida, lo que implica cierto grado de inestabilidad que con el tiempo se logra mediante mecanismos de reajuste, como son la fragmentación y desprendimiento de material, la erosión y nuevas erupciones.

En Canarias se han estudiado estos deslizamientos cuyas huellas se extienden varios kilómetros bajo el mar en diferentes puntos de las islas, siendo especialmente llamativos los que formaron los hermosos valles de Frontera en El Hierro, Aridane en La Palma o La Orotava en Tenerife, zonas que perdieron inmensas cantidades de material y que, evidentemente, debieron generar en su entrada al mar gigantescas olas cuyo efecto desconocemos pero que previsiblemente debieron ser devastadores hace cientos de miles de años.

Durante el último siglo han sido dos las erupciones registradas en La Palma: el ya citado Teneguía y el conocido San Juan, Llano del Banco y Hoyo Negro que entró en erupción en el año 1949. Lógicamente el volcanismo de ésta y el resto de las islas es activo, es decir, que es factible que puedan entrar en erupción, por lo que se pasa por etapas de cierta actividad con temblores y emisión de gases, frente a otras de tranquilidad, condicionados por el movimiento del magma.

Cronica de una señal ¿exagerada? Print Friendly and PDF

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Según informaciones reveladas por investigadores del proyecto SETI, el radiotelescopio de Arecibo había recibido una señal con posible origen extraterrestre.

Un artículo publicado por la prestigiosa revista científica New Scientist, alimentada por posteriores menciones de diversos medios, ha extendido la imprudente sensación de que hemos detectado una señal inteligente de origen alienígena. Sin embargo, ésta existe, pero todos los indicios parecen descartar cualquier rasgo de inteligencia tal y como nosotros, los humanos, la entendemos. Por el momento no ha podido ser confirmada como extraterrestre.

Toda esta historia comienza cuando el pasado 2 de septiembre New Scientist destacaba en su portada un artículo aparentemente muy prometedor, al que titularon así: “Misteriosa señal captada a 1.000 años luz de la Tierra”. Como se puede leer en el extracto que hemos recogido y traducido para el lector –ver recuadro–, el descubrimiento de la señal de radio alienígena se había producido en el seno del conocido proyecto SETI@home, en el cual participan miles de internautas que disponen de un software adecuado en sus ordenadores que examina de forma automática la ingente cantidad de información que acumulan los diferentes radiotelescopios del mundo, que están a la escucha de lo que sucede en el Universo.

Los internautas que identificaron la señal fueron Oliver Voelker, de Nuremberg (Alemania), y Nate Collins, de Madison, Wisconsin (EEUU). El Dr. Dan Werthimer, astrónomo y principal responsable del proyecto, la llegó a definir como “la más interesante recogida por SETI@home”. Desde que el citado proyecto inició su andadura, han sido detectados aproximadamente 5.000 millones de señales candidatas que, por su perfil matemático o por su falta de repetición en el tiempo, han sido descartadas.

No obstante durante el mes de marzo de 2003 se llevaron a cabo una serie de reobservaciones de las 200 señales candidatas más importantes detectadas hasta el momento, para volver a comprobar su origen, potencia y permanencia. De todas ellas, hubo una, la etiquetada como candidata SHGb02+14a, que fue de las pocas en ser confirmada nuevamente y la única en mantener sus altos valores estadísticos en cuanto a las probabilidades de ser inteligente y de origen extraterrestre.

La señal detectada, catalogada como “Gausiana Corregida Baricéntricamente”, emite en una frecuencia cercana a los 1.420 MHz, que es en la que los astrónomos esperan recibir un mensaje de este tipo. De igual forma que las ballenas se comunican a través de ultrasonidos, utilizando el medio más abundante en los océanos, es decir, el agua, una civilización lo suficientemente evolucionada y desarrollada elegiría para enviar su mensaje la frecuencia del elemento más común en el Cosmos, es decir, el hidrógeno, que emite en los referidos 1.420 MHz.


La señal de radio, que tanto revuelo ha provocado, ha sido hasta ahora detectada en tres ocasiones y por un tiempo no mayor a un minuto. Se sabe que procede de algún punto entre Piscis y Aries, a menos de 1.000 años luz de la Tierra. Las dos primeras veces fue detectada por Oliver Voelker y Nate Collins.

Por su alta probabilidad fue colocada entre las otras 200 posibles señales alienígenas para ser reobservadas nuevamente por el radiotelescopio de Arecibo, donde ésta también fue detectada. Como era de esperar, la noticia saltó desde New Scientist a medios de comunicación de todo el mundo. Lógicamente, la polémica estaba servida. No faltaron quienes rápidamente se apresuraron en afirmar que, indudablemente, SHGb02+14a era un esperanzador mensaje alienígena proclamando que no estamos solos en el Universo.

Incluso en los EEUU se llegó a asegurar que se había establecido contacto con extraterrestres “super avanzados”. Y todo esto sin ni siquiera esperar al veredicto definitivo que todavía tiene que ofrecer el Instituto SETI cuando se proceda a un nuevo análisis de la referida señal. Apenas un día después de estallar esta impresionante noticia, los científicos del SETI Insitute implicados restaron trascedencia a la noticia, e incluso la desmintieron. El Dr. Dan Wertheimer afirmó: “No tenemos nada fuera de lo común. Todo se ha sobrevalorado”.

Además, explicaba que una señal que cambia su frecuencia tan rápidamente, como es el caso de SHGb02+14a, y que se escucha durante apenas un minuto, sólo podía ser detectada por una cuestión de suerte, ya que este tipo de transmisión no sería utilizado nunca por una civilización que se preciara de inteligente. Incluso llegó a decir que la culpa de todo el revuelo causado era de los periodistas, que con citas extraídas fuera de contexto no buscaban más que el sensacionalismo, ya que al fin y al cabo el proyecto SETI@home ha detectado desde su inicio unas 5.000 millones de señales sospechosas y los periodistas no les han dado demasiada importancia.

Por otro lado, el eminente Dr. Paul Horowitz, de la Universidad de Harvard y especialista en posibles detecciones de mensajes alienígenas, declaró sin tapujos: “No es gran cosa. Ya no lo seguimos investigando”. Erik Korpela, que realizó el estudio de la señal en abril de 2003, enredó un poco más la madeja diciendo que “es una señal de tan evidente inteligencia que parece que está gritando por ser escuchada”. Aunque esto tampoco confirma demasiado, pues en 1967, Jocelyn Bell recibió una presunta señal de radio alienígena que finalmente resultó ser un pulsar –estrella de neutrones girando rápidamente–.

Korpela también contempla la teoría de que la señal pueda ser originada por alguna interferencia situada en los alrededores del suelo del radiotelescopio de Arecibo. Cabe la posibilidad de que un aparato emisor de algún tipo pueda estar interfiriendo cuando el receptor se encuentra orientado hacia Piscis y Aries. Está teoría quedará verificada cuando desde otro telescopio se contraste la información.

Además, Korpela ha señalado un dato muy curioso; y es que el objeto emisor parece estar en movimiento, pero en cada una de las tres localizaciones siempre ha parecido venir del mismo punto del espacio. Es como si con cada observación, comenzara a desplazarse hacia nosotros, tras lo cual volviese al mismo punto de origen y de nuevo comenzase otra vez.

Por último, cabe señalar que varios científicos tampoco descartan las sospechas de que algún sujeto, seguramente como “travesura”, hubiera manipulado los ficheros gestionados por el proyecto SETI@home. Así que, por un lado, los científicos desmienten que la emisión tenga origen extraterrestre, pero reconocen abiertamente que no saben a qué corresponde la señal SHGb02+14a. Y además procuran quitar leña al fuego echándole la culpa de todo este revuelo mediático a los periodistas de New Scientist, quienes presuntamente habrían sacado de contexto esta detección.

La revista, que cuenta con una credibilidad enorme, habría tratado el tema con algo de sensacionalismo y subjetividad. Y como muestra de ello, quienes los acusan explican que en el artículo original ni siquiera se ofrecía el punto exacto de dónde provenía la señal de radio, ya que lo sitúan entre Piscis y Aries, e incluso yerran en determinados datos. Si esto fuera correcto, el supuesto planeta emisor de la señal SHGb02+14a estaría rotando 400 veces más rápido que la Tierra…

Y eso, sinceramente, es muy difícil de imaginar. Por otra parte, valga señalar que los periodistas se defienden explicando que ellos únicamente han difundido lo que el SETI Institute les ha contado. Así, mientras dura toda esta polémica y unos y otros se ponen de acuerdo, siempre nos quedará la esperanza de poder seguir mirando ávidamente hacia las estrellas con la duda de si la enigmática SHGb02+14a es una prueba irrefutable de la comunicación de una civilización alienígena que intenta entrar en contacto con nosotros, o si simplemente es un hermoso y enigmático fenómeno que aún no conocemos.

Sin olvidar la parte menos romántica, que está representada en un posible mal funcionamiento del radio telescopio. Y si buscamos opiniones, no faltarán los incondicionales de las teorías conspirativas, que afirmarán que todo es un complot de los gobiernos. Por otra parte, si nos limitamos a preguntar a los más prácticos, seguramente sólo nos dirán que los científicos están quitándose la enorme presión mediática y que no les deja trabajar adecuadamente.

En cualquier caso, el misterio está servido, y a su debido tiempo encontraremos la explicación, que sin duda alguna será sorprendente y maravillosa.

martes, 6 de febrero de 2007

¿Vivimos en Matrix? Print Friendly and PDF

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Desde los albores de nuestra civilización, distintos pensadores, grupos religiosos y cultos esotéricos han barajado la posibilidad de que vivimos engañados en un mundo ilusorio, atrapados en una ficción creado por un ser superior o una entidad maligna. En la actualidad, algunos científicos creen que el fascinante universo descrito por el cine y la literatura podría ser algo más que simple ficción...

Su familia, las personas a quienes ama, los objetos que le rodean e incluso usted mismo, todos sus recuerdos, pensamientos, emociones y, en definitiva, el Universo al completo, son un complejo entramado de bits, unidades de información agrupadas y manejadas por un elaboradísimo programa informático.

La realidad, el mundo en que vivimos, es sólo una ilusión, una enrevesada y perfecta simulación virtual, gestionada por una gigantesca supercomputadora.

A primera vista, este escenario parece el guión de una novela o película de ciencia-ficción que, como The Matrix (Warner Bros, 1999) propone que vivimos bajo la tiranía de las máquinas, engañados por un mundo ilusorio.

Sin embargo, varios científicos de alto nivel han propuesto que esta idea –en principio aparentemente descabellada– quizá podría ser mucho más factible de lo que parece.

Uno de ellos es Sir Martin Rees, profesor de Cosmología y Astrofísica en la Universidad de Cambridge.

Rees pronostica que, si el avance de la informática sigue evolucionando de la forma en la que lo ha hecho hasta ahora, dentro de pocos años será posible concebir ordenadores tan potentes que lograrán construir y simular un universo completo, habitado incluso por entidades conscientes.

«Si esta tendencia continúa, entonces podemos imaginar ordenadores capaces de simular mundos quizás incluso tan complicados como éste en el que nosotros creemos estar viviendo», asegura Rees.

Esto hace surgir una cuestión filosófica: «¿Podríamos nosotros mismos ser parte de una simulación similar, y lo que pensamos que es el Universo no pase de ser más que una químera?», se pregunta este científico.

«La posibilidad de que seamos creaciones de algo supremo, o de una superinteligencia, empaña la frontera entre la física y la filosofía idealista, entre lo natural y lo sobrenatural, entre la relación de la mente con los multiversos y la posibilidad de que estemos viviendo en ‘Matrix’ más que en un mundo físico».

Este fascinante escenario fue planteado por Rees en What we still don't know (Lo que no sabemos todavía), un documental emitido en diciembre de 2004 en el canal de televisión británico Channel 4.

El eminente astrónomo de Cambridge ha querido dejar claro que su planteamiento es sólo una teoría, aunque perfectamente posible. Otro destacado científico que defiende una postura similar es John Barrow, profesor de Ciencias Matemáticas y colega de Rees en la Universidad de Cambridge.

Según Barrow, las constantes naturales en el Universo, tales como la velocidad de la luz, la fuerza de atracción de la gravedad o el grosor de las capas de nuestra atmósfera, convierten a nuestro mundo en un lugar «seguro» para los organismos vivos y el desarrollo de la vida.

Un pequeño cambio en estas constantes, aunque fuera insignificante, provocaría que el Universo, tal y como lo conocemos, desapareciera. La pregunta que se hace el matemático de Cambridge es la siguiente: ¿son las constantes de la naturaleza fruto del azar o, por el contrario, responden a un diseño inteligente?

En el caso de que esta última posibilidad fuera cierta, nada impide que ese diseño formara parte de una simulación informática. «Civilizaciones sólo un poco más avanzadas que la nuestra tendrían la capacidad para simular universos en los que podrían surgir entidades autoconscientes y comunicarse entre ellas», asegura Barrow.

Aunque parezca difícil de creer, Rees y Barrow no han sido los únicos en «dejar la puerta abierta» a tal hipótesis. Desde la antigüedad, la idea ha sido defendida o planteada por infinidad de pensadores, filósofos, escritores de ciencia-ficción y científicos de primera fila.
Ya en el siglo IV a.C., el filósofo chino Chuang Tzu (Confucio), se planteaba dudas acerca de la auténtica naturaleza de nuestra realidad: «En cierta ocasión soñé que era una mariposa que revoloteaba en el aire. Me sentía feliz de hacer lo que quería y ya no me preocupaba de mí mismo. Pero no tardé en despertar, y desde entonces me pregunto: ¿soy un hombre que soñó ser una mariposa o soy una mariposa que sueña ser un hombre?».

Del mito de la Caverna al genio maligno

Más o menos en la época en la que Chuang Tzu se cuestionaba su propia identidad, en Grecia el filósofo Platón proponía su célebre «mito de la Caverna». En éste, los humanos son esclavos recluidos en una caverna contemplando un mundo ilusorio de sombras proyectadas sobre una pared.

Una de estas personas logrará escapar de allí, descubriendo la auténtica realidad del mundo exterior. Para Platón, ésta sólo puede ser descubierta mediante el alma, ya que es inteligible, mientras que el mundo ficticio es el sensible.

Sin embargo, a pesar de esta primera aproximación de la filosofía griega a la cuestión que nos ocupa, el planteamiento más destacado y con una mayor repercusión posterior surge en el siglo XVII con el filósofo francés René Descartes.

La incertidumbre del pensador galo nace, al igual que en Confucio, del mundo onírico. En sus Meditaciones, Descartes se plantea lo siguiente: Cuando soñamos, no somos conscientes de que lo estamos haciendo.

En muchas ocasiones, incluso, los sueños son tan «reales» como la vida misma. Entonces, ¿cómo saber que, por ejemplo, usted no está soñando igualmente –creyendo estar despierto– mientras lee estas líneas?

Tras este razonamiento, Descartes decidió dudar de todo, pero no podía hacer tal cosa ya que, si Dios es bueno, en su bondad no puede permitir que vivamos en un engaño.

Por lo tanto, planteó la idea de un genio maligno, que sería el creador del mundo ilusorio en el que vivimos y que es quien pretende engañarnos: «Supondré ahora, no que Dios, que es supremamente bueno y la fuente de la verdad, sino en cambio algún genio maligno con el más extraordinario poder, ha usado todas sus fuerzas para engañarme. Debo pensar que el cielo, el aire, la tierra, colores, formas, sonidos, y todas las cosas externas son sólo alucinaciones de sueños los cuales ha creado para engañar mi juicio».

De este modo llegó a la misma conclusión que los gnósticos, que compitieron con la Iglesia católica en los primeros siglos del cristianismo. Tanto ellos como los cátaros y otras corrientes dualistas creían que nuestra realidad había sido creada por un aciago demiurgo.

Sin embargo, y a pesar de su planteamiento, Descartes halló una salida para el problema: aunque el genio maligno pretenda engañarnos, uno no puede poner en duda su propia existencia. El mero hecho de dudar, implica que uno piensa. Así surgió su famoso Cogito ergo sum (Pienso, luego existo).

«Cerebros en una cubeta»

Siguiendo más o menos la misma línea de pensamiento aparece, ya en el siglo XX, una serie de pensadores que plantea lo que se ha venido en llamar la «hipótesis de los cerebros en una cubeta».

Dicha hipótesis es más bien un ejercicio teórico, propuesto por los filósofos Jonathan Dancy y Hilary Putnam, entre otros. Imagine que es usted un ser humano al que un científico diabólico ha extraído el cerebro, colocándolo en una cubeta con nutrientes que lo mantienen con vida.

Sus terminaciones nerviosas han sido conectadas a un potente ordenador que genera en su mente la ilusión de que todo es absolutamente normal. Pero en realidad todo es fruto de impulsos eléctricos que llegan a su cerebro.

Cada detalle está pensado al milímetro. Si usted intenta levantar la mano, el ordenador genera la ilusión adecuada para que sienta que su mano se alza.

Ese sofisticado software puede incluso hacerle creer que está usted leyendo estas mismas palabras acerca de la suposición, divertida aunque bastante absurda, de que hay un diabólico científico que conecta los cerebros de la gente a un ordenador. ¿Cómo sabría usted que esto no está ocurriendo realmente?

Ahora imagine que no sólo ocurre con su cerebro, sino con el de todos los seres humanos (¿Le recuerda por casualidad al argumento de The Matrix?). Podemos pensar que el mundo consiste en una supermáquina automática que controla los cerebros y sus sistemas nerviosos.

Dicha máquina está programada para crear una alucinación colectiva. Así, mientras yo creo estar hablando con usted, usted cree estar oyendo mis palabras. Éstas no llegan realmente a sus oídos –recuerde que carecemos de ellos, al igual que de órganos del habla–.

En realidad, es una ilusión creada por la máquina. Ninguno de los dos estamos equivocados respecto a la existencia del otro, sólo de la apariencia real que tenemos, y de la del supuesto mundo que nos rodea.

De este modo no importa que todo sea una alucinación colectiva. Porque, cuando me dirijo a usted, usted oye realmente mis palabras, aunque no de la forma en que creemos.

El juego supremo

Tras este repaso a las teorías e ideas planteadas a lo largo de la historia por pensadores, científicos y novelistas, concedamos por un momento que dicho escenario es real.

Si fuera así, ¿quién se esconde tras dicha simulación? ¿Es nuestro mundo producto de la mente de una superinteligencia que lo domina y controla todo? ¿Podríamos ser el resultado de un experimento informático elaborado por una civilización supertecnificada?

Una de las ideas más extendidas entre aquellos pensadores –y presente en algunas doctrinas religiosas y esotéricas– plantea que podríamos ser participantes en un gigantesco juego de dimensiones cósmicas.

Si esta hipótesis fuese acertada, cabrían numerosas variaciones igualmente inquietantes: Una posibilidad es que seamos meros jugadores inconscientes, manejados y manipulados al antojo de un ser superior, a modo de simples personajes de un videojuego.

Otra opción –más atractiva y tranquilizadora– propone que somos igualmente jugadores, pero de forma «voluntaria».

En este último supuesto, seríamos «entidades espirituales», individuos de la «auténtica realidad» que hemos decidido participar en este juego, aunque habríamos olvidado por completo nuestro verdadero origen.

De este modo, el nacimiento sería el comienzo de una nueva «partida», y la muerte el final del juego. Tal experiencia podría ser una compleja forma de ocio –similar a nuestros videojuegos informáticos– o algún tipo de aprendizaje espiritual, similar a lo que conocemos como reencarnación.

También cabe la posibilidad –las variaciones son casi infinitas, y están sólo limitadas por nuestra imaginación– de que este mundo virtual no sea ningún tipo de divertimento o de «mecanismo espiritual», sino una forma de castigo o tortura en alguna sociedad ultratecnificada.

¿Qué mejor cárcel que un universo completo, ilusorio, en el que no se recuerde nada de la existencia genuina y donde pueda «recluirse» al delincuente por tiempo indeterminado?

De cualquier modo, si todas estas hipótesis y teorías son ciertas, lo más seguro es que la única forma de comprobarlo llegue tras nuestra muerte.

Quizá entonces despertemos de un profundo sueño para vernos tumbados en una camilla, conectados mediante cables y artilugios futuristas a un sofisticado ordenador en cuya pantalla aparece la frase «Game Over».

Articulo de la edicion digital de la revista Año Cero publicado el 01/02/2005